Sin trompo de poner
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Sin trompo de poner
Published:
12/9/2011
Format:
Perfect Bound Softcover
Pages:
260
Size:
5.5x8.5
ISBN:
978-1-46331-253-4
Print Type:
B/W
Sin Trompo de Poner es un libro original que atrapa al lector... Desde el título, Paul Paniagua nos penetra en un espacio lúdico, inspirado en los juegos de trompos. Para el autor, el texto es una metáfora de la vida… Estos textos hiperbreves no se pueden leer con el ceño fruncido, sino con una amplia sonrisa. El autor se inspira en la toalla del baño, a la que denuncia públicamente por ser infiel. Por otro lado, el inodoro sufre y acepta estoicamente su destino. Los textos de Paniagua indagan lo más simple de la humanidad, descubriendo misterios y mirando la vida con una óptica diferente. Así, los escritos de Paul Paniagua, subliman el espíritu, conquistan la alegría, y nos hacen ver la vida con humor y optimismo. Dra. Mara L. García.

Cabelleras

Las cabelleras afro obstruyen la vista en el cine. Se tragan el sonido “Dolby Surround”. Generan la envida y discordia entre los calvos. Son un cómodo nido de avestruces. Son un grave riesgo en las pizzerías o en el fogón de pollos rostizados. Las cabelleras afro usan repelentes contra incendios. A diferencia de los calvos con amplias pistas de aterrizaje, las cabelleras afro son plantas rodadoras del oeste. Se exhiben en un romántico peine de color verde metálico fosforescente. Salen a la discoteca con zapatos de plataforma. Dan toques eléctricos. Las cabelleras afro se rehúsan a salir con calvos. Usan pantalones acampanados. Las cabelleras afro discriminan.

Sin Tornillo

Hay tornillos que se botan por negligencia, abuso y culpa propia. Estos se van desgastando víctimas del horror hasta que se aflojan o revientan dejando un caos. Los tornillos se barren por la costumbre de ver telenovelas vacuas y perder el tiempo. La gente necesita sus tornillos calibrados. Los tornillos bien puestos son precisos. Los tornillos ejemplares difícilmente sueltan sus rondanas. Con los años los tornillos mueren oxidados y olvidados, pero firmes aferrados a los muros. Los tornillos siempre vencen, no desisten. El desarmador es su enfermero de cabecera; y el marro, recurso de emergencia para casos imposibles. Una vez perdidos, no hay remedio. Hay gente que, lamentablemente, ya viene sin tornillo desde fábrica, o con rosca cruzada entre hilos; y en esos casos, no hay mucho que se pueda hacer por ellos.

La Cola

La cola es un genuino experimento de equilibrio para mitigar la ineficiencia y el desorden. Aparece principalmente en los hospitales y oficinas de gobierno, o en las calles de la ciudad entre puestos de dulces, periódicos, carnicerías, tortillerías, supermercados y carritos de perros calientes. La cola se extiende interminable a través de la ciudad entre calles secretas y montañas; crece entre nudos Gordianos y giros imprevistos agregándose a otras. Se forma de eslabones perpetuos que atrapan a todos.

La cola se vuelve divertida en los parques de diversiones y las playas. Es un fenómeno elusivo de blusas pasteles, blancas, camisas almidonadas y playeras; trajes de gala cuando se tramitan licencias matrimoniales tardías. La integran pugilistas, fotógrafos, gimnastas, periodistas, futbolistas, roqueros, luchadores, alpinistas, amas de casa, escritores y gente común y corriente. Hay estilistas y peluqueros que comienzan sus escuelas de belleza con los que integran la misma cola. Hay grandes empresas que se han originado en la espera y modelos que ahí comenzaron sus carreras artísticas; también hospitales y prósperas funerarias. No se diga circos y conciertos de rock que, aprovechando el público presente, emprenden sus negocios. En la cola hay perros chihuahuenses e hipopótamos formados en la línea al lado de sus dueños como en el circo; no hay cocodrilos ni leones, para evitar alguna tragedia.

La cola parodia al burócrata inepto. Se usó como recurso en la revolución mexicana para fusilar a los pelones y en Francia, en el camino a la guillotina. Pero, es también una trampa fatal para aquellos que, llegando por fin a la ventanilla de servicio al cliente, olvidan el propósito por el cual se agregaron a ella. La tortura es el merecido castigo para aquéllos que se cuelan en la cola, o para los coleros quienes hacen cola por otros para beneficio propio sin respetar el derecho de los demás; o para aquéllos que muestran desdén por este guiño burocrático.

La cola favorece el comenzar un romance con alguna chica o chico despistado en alguna cámara secreta, unificar un pueblo; y así, asegurar la supervivencia de la especie humana. Ha habido intentos irresponsables por abolirla o desacreditarla, asignándole números a los afectados o fijando citas por teléfono con los mismos, pero todos estos intentos han fracasado. La cola será siempre imprescindible mientras haya imperfecciones humanas y funcionarios públicos que pierdan el tiempo planeando vacaciones o conciliando su chequera bancaria en su trabajo. La cola es un patrimonio perpetuo y herencia nacional. La cola es inevitable.

El Inodoro

El inodoro irrumpe en protesta. Se estremece de llanto. No acepta su terrible destino. Solloza. Traga de todo. Anticipa saldar cualquier cuenta pendiente. No se da por vencido. Sufre acoso moral. Le resulta absurdo contemplar el suicidio. No se acobarda. Sigue de pie resoluto.

Sobre Prendas de Vestir

La minifalda es veraniega. No necesita aire acondicionado. Es económica por su poca tela. La minifalda es anti-túnica; en el invierno, le da resfriado.

NINGUNAS NUBES

En fin, que otros escriban mis versos. ¿Qué puedo decir que no se haya dicho? Ahí la azucena, Ahí los jazmines, Ahí el rocío de tus labios, Ahí la luna quemando la noche, Ahí la noche dolida, Ahí tiritan azules los astros. ¿Qué puedo decir que no se haya dicho? Ahí vienes ya arrepentida, ya bajas tú tu mirada. Prefiero el exilio, Vivir tus mentiras no puedo. Nada, tendré que dormir en Fenicia; aprender yo el Fenicio. Tirar tus cenizas al mar, de una vez. Ningunas nubes nublarán ningunas estrellas, Gonzalo Rojas lo dijo. Alabado sea su nombre esta noche.

NOVIEMBRE

Por Marieanne Paniagua

Noviembre es un vaivén de hojas. De repente, se torna un poco frío. Me pongo un suéter; corro. Me da mucho calor; Me quito el suéter. Noviembre es un vaivén de hojas. Siento la fresca brisa sobre mi rostro. Me siento sobre una banca. El viento pausa; corro. Noviembre es revolotear de hojas. Hace frío, mucho frío para mí. Es tiempo de volver a casa. Camino; las hojas caen sobre un suelo helado. Se visten, cafés, amarillos y rojos, los caminos de otoño. Llego a casa; entro. Hay calor adentro. Papá está allí esperándome. Tomo una cobija; me arropo en ella. Miro hacia afuera tras el cristal de mi ventana, Ha llegado el invierno. Sus colores se ven por todos lados. Noviembre es revolotear de hojas.

Paul Paniagua nació en México y vivió en Tijuana, Baja California, la mayor parte de su adolescencia. En 1989 obtuvo su licenciatura en Literatura hispanoamericana de la Universidad Estatal de California, Fullerton. En 1992, recibió una Maestría en Arte, con énfasis en Literatura hispanoamericana de la Universidad de Brigham Young, Provo, Utah, EE.UU. Estudió poesía con el maestro y poeta chileno Gonzalo Rojas y contribuyó como estudiante en la producción de la primera edición de la revista literaria, La Marca Hispánica. Es educador a nivel superior. Ama el escribir cuentos y poesía pero su pasión es la enseñanza. Su hija Marieanne y él escriben este libro para alegrar el alma y el corazón. El cree que siempre todos tenemos algo que contarnos los unos a los otros.
Un Libro precioso, agradable y sumamente divertido. He reido multiples veces. Su PoesíA es de no olvidar. LO recomiendo. Un libro original y de alta calidad.
Peter Fuentes  
 
 


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