CRISTIANISMO, CRIMEN DE LESA HUMANIDAD
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CRISTIANISMO, CRIMEN DE LESA HUMANIDAD
Published:
2/18/2012
Format:
Perfect Bound Softcover
Pages:
148
Size:
6x9
ISBN:
978-1-46332-077-5
Print Type:
B/W
El poder popular para generar un cambio en sus condiciones sociales está limitado por su capacidad para separar la verdad de la mentira; pero la tradición religiosa nubla de mitos el entendimiento social, enajenándolo y haciéndolo ingenuo. El presente Tratado señala al Cristianismo como el producto más refinado de ese instrumento institucionalizado del Estado para la dominación ideológica Social, que induciendo ignorancia y temor entre la población, la mantiene en un estado permanente de letargo y en actitud sumisa y dependiente; para entonces manipularla y explotarla con solvencia. Denuncia a una institución responsable de grandes crímenes; y advierte sobre el irreparable daño histórico que el dogma está provocando en las formas de convivencia de la sociedad occidental, encausándola hacia una decadencia irreversible. Desentraña las causas objetivas de la religiosidad humana y Revela las trampas psicológicas mediante las que el dogma Cristiano controla y dirige la mente social; proveyendo al lector las armas que le permitirán neutralizar su efecto y alcanzar la emancipación. Entonces exhorta a reconocer que ante la injusticia social debemos -dejando de depender de una connotación divina y de la voluntad de las autoridades sociales-, asumir una participación social activa, madura y responsable.

PROLOGO.

Tenemos problemas sociales que parecen insuperables. El estado no parece pretender solucionarlos; en cuanto al pueblo…; el poder popular para generar un cambio en sus condiciones sociales propias está limitado por su capacidad para separar la verdad de la mentira, es decir, para identificar los verdaderos problemas y visualizar sus causas y posibles soluciones. Pero hay obstáculos para ello, por ejemplo, una de las tradiciones sociales, la práctica religiosa, es un agente determinante que nubla de mitos el entendimiento social, enajenándolo y haciéndolo ingenuo.

LA RELIGION -con su rudimentario pero eficaz sofisma fundamental- es un artificio psicológico que permite al estado inducir y mantener un nivel conveniente de ignorancia y temor entre la población, a la que de este modo, acostumbra a vivir en un estado permanente de letargo y en actitud sumisa y dependiente; para entonces manipularla y explotarla con solvencia.

El dogma CRISTIANO ha alcanzado gran eficacia en este propósito, provocando, sin embargo, en su evolución histórica, un daño irreparable en las formas de convivencia de la sociedad occidental y encausándola hacia una decadencia irreversible.

El presente trabajo hace una crítica desde una perspectiva humanista de ese aparato axiomático del estado, destacando su gran importancia social e histórica; denunciando a una institución responsable de grandes crímenes contra la humanidad. En el desarrollo de la misma crítica, se desentrañas las causas objetivas de la religiosidad humana y se revelan con rigor académico, las trampas psicológicas mediante las cuales el dogma Cristiano, se infiltra, toma el control y dirige la mente social.

Se pretende proveer al lector, las armas para neutralizar el efecto doctrinal y alcanzar la emancipación del pensamiento. Durante el proceso, resultará sorprendente ir despertando a la conciencia de algunos interesantes aspectos cotidianos de la práctica religiosa social, que parecerían triviales pero que constituyen una pesada carga ideológica.

Que la religión no es un asunto personal ni íntimo. Debemos reconocer su importancia y trascendencia objetiva; pues se trata de un asunto sumamente delicado, de repercusión social, global e histórica, que ha acompañado y definido los derroteros de nuestra civilización de manera tan determinante como lo han hecho la ciencia y la economía.

Que sus efectos personal y social no son inofensivos. Puesto que es un fraude premeditado y malintencionado, su efecto se estima altamente dañino, tanto a nivel personal como social, y ha manifestado inclusive el poder de dirigir a la humanidad hacia su destrucción.

Que no podemos hacernos inmunes a ese efecto con solo asumir una actitud indiferente. El dogma religioso no es un enemigo externo contra el cual podamos simplemente interponer un escudo protector; la realidad es mucho más grave.

Habiendo sido inculcado durante largo tiempo y transferido de generación en generación, es ya un enemigo alojado en nuestra mente, que forma parte de nuestra personalidad, de nosotros mismos y que nos ha vivido por generaciones.

Tenemos que identificarlo en nuestro subconsciente y tomar conciencia de su efecto nocivo para erradicarlo antes de que se convierta en el instrumento de auto-exterminio para nuestra especie.

Finalmente, no podemos seguir equivocadamente contemplando los acontecimientos históricos o internacionales como algo ajeno y menospreciable solo porque no lo vivimos en carne propia. Es imperante que reconozcamos que somos producto de la historia universal y que todo cuanto ocurre en cada rincón del mundo define las condiciones de vida para las generaciones futuras de la humanidad entera.

Mediante un análisis sobrio, tanto de la estructura del dogma religioso como de la gestión histórica de la institución creadora y mediante una inquisitiva evaluación del contexto social de la práctica religiosa vigente, se hace patente, de forma destacable, que no es en el sentido místico de las doctrinas y los rituales religiosos donde reside su importancia objetiva, ni en el pretendido beneficio que en sentido espiritual pudieran aportar a la sociedad; sino en el diseño del efecto político de conducción social, calculado por sus creadores -el estado-, así como en el provecho objetivo que finalmente logran a través de aquellos.

Asimismo, se hace patente la urgente necesidad social por alcanzar la emancipación. En un proceso que a medida que pasa el tiempo impone cada vez mayor dificultad y demanda mayor esfuerzo; pero que sin embargo, es un paso ineludible en la historia futura inmediata de la humanidad -si es que queremos mantener en elevada estima la razón y objetivos de nuestra existencia-. Primero habremos de sacudirnos el yugo de la institución católica y retirarle a ella toda autoridad social; segundo, deberemos desarticular los mitos de nuestra historia y de nuestra realidad presente, tanto a nivel social como personal; para finalmente llegar incluso a sacudirnos el condicionamiento que produce la connotación de la divinidad, y entonces afrontar la existencia futura con protagonismo y madura responsabilidad, sin depender ni de la gracia divina ni de la voluntad de las autoridades sociales.

Es en suma, una herramienta invaluable en la lucha por la emancipación social.

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